Las ideologías y el nuevo rol del joven en la política (I)

Desde hace un tiempo he venido pensando y reflexionando sobre el sistema político dominicano y lo relacionado en especial con la participación de las y los jóvenes en el mismo. Debo reconocer que este análisis se ha extendido porque me he topado con una interesante bibliografía en el tema y me refiero a la del Dr. Wilfredo Lozano de quien he podido analizar sus libros La razón democrática (2012) y La política del poder (2018).

En esas tertulias internas en las que intento obtener mis propias conclusiones sobre los orígenes de un sistema en crisis, y que aborda de manera extraordinaria el autor Lozano en el capítulo III de La política del poder, hago mucho énfasis en la falta de identidad ideológica y doctrinaria de nuestros partidos. Muchas personas dedicadas al arte de la verborrea y la politiquería y otros cuyos intereses se ven amenazados por una sociedad educada dirán que el espectro izquierda-derecha y el debate ideológico socialismo-capitalismo murió con el fin de la Guerra Fría y la victoria de la batalla del capitalismo. Y más equivocados no pueden estar. Al respecto analizaré en el próximo artículo casos prácticos como México, Brasil y España por citar algunos.

En nuestro sistema de partidos, sin fundamentación ideológica en la mayoría de los casos, sus objetivos se encaminan a gobernar sin un programa de gobierno orientado con políticas públicas que evidencien la orientación de cómo deberían ser abordados los grandes temas que enfrenta nuestro país en relación con su desarrollo, lo han empujado a un sistema corrupto, con políticos sin escrúpulos en donde sus objetivos son el enriquecimiento a costa del dinero público. Este sistema que está en crisis necesita de nuevos actores y actoras con principios, valores y formación política y por lógica natural de la vida es momento de que las y los jóvenes asumamos ese nuevo rol en un momento político histórico para nuestra nación.

Soy partidario de que el discurso de regeneración, cambio y sangre nueva en la política no puede estar matizado por juventudes que son producto de este sistema, que al fin y al cabo representan más de lo mismo. Ese discurso de regeneración, cambio y sangre nueva debe estar fundamentado sobre un perfil ideológico que genere debate orgánico y que exponga una forma verdaderamente diferente de hacer política. Eso es lo que necesita nuestro país y las nuevas generaciones, no envases nuevos con productos viejos. Porque en esta política no se trata de que alguien más joven haga lo mismo que los mayores, sino que pueda hacer las cosas mejores y de forma diferente.

Es pues cuando nuestro rol frente a esta realidad debe estar concebido en la base de un fortalecimiento ideológico y de manera particular, entiendo que ese proceso enriquecerá la forma en que se maneja nuestra política y puede vislumbrar un futuro diferente. Debemos asumir las responsabilidades que el momento histórico amerita, estemos a la altura de ese momento y demostremos que sí hay juventud con capacidad de transformación. Recobremos la confianza de los electores y transmitamos un mensaje de esperanza para una sociedad que se encuentra en diálisis.

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